Risas y mucha relajación en la mañana de Spa de Prekínder

Desde muy temprano nuestros niños de Prekínder esperaban ansiosos la hora del spa. Cada uno llevaba en sus manos los implementos con los que se relajarían y darían un buen masaje a sus compañeros.

Antes de empezar las “profes” les indicaron que esta experiencia no era solo un asunto de diversión, sino de abrir su mente, aprender cosas nuevas y explorar los sentidos a través de elementos como el café molido, azúcar y crema corporal.

Primero percibieron los aromas y después pusieron a prueba la sensibilidad y el tacto para identificar qué texturas preferían, así ya se podría dar inicio al spa.

Algunos parecían en la playa porque se acostaban y relajaban mientras sus compañeros les hacían masajes, otros hasta se hicieron mascarillas de café y se exfoliaban las manos con azúcar. La idea era que más que una sesión de spa, éste fuera un momento de indagación, de compartir con los compañeros y de perder el miedo a untarse.

Aunque parecía una actividad sencilla, para los niños se trata de un proceso de exploración y adaptación, por eso algunos de ellos tenían miedo de tener contacto con estos elementos, poco a poco fueron perdiendo el temor y se integraron a la actividad, siendo más conscientes de lo que olían y sentían.

El resultado se evidenció en las risas por las cosquillas que les causaban los masajes, en la seriedad con la que algunos asumían su rol de masajistas, en las preguntas interminables sobre los ingredientes y su aplicación y en las palabras de emoción con las que varios describieron la actividad como “el mejor día” en Cañaverales.

Después de la relajación vino la hora de la ducha, un momento para que nuestros chiquis de Prekínder A y B terminaran de “desestresarse”, se limpiaran los restos de café, azúcar y crema y saltaran bajo el agua.

Una mañana en la que se cultivó la curiosidad de nuestros niños y se les ayudó a abrir la mente a través de un ejercicio divertido y lúdico.